Sucesión y corrupción centralizada claves tras el caso Jalisco: experto

Édgar Rivera / MONITOR NEGOCIOS
Los días posteriores al operativo que terminó con la muerte de Nemesio Oceguera Cervantes, alias el “Mencho”, han transcurrido en un ambiente de tensa calma e incertidumbre sobre los posibles escenarios en el mediano y largo plazo.
En palabras de Michel Levien, director de Streiner, buró anticorrupción: “Los próximos días —en cuanto a violencia, seguridad, paz y justicia— van a depender de cómo se respondan dos preguntas: ¿Los carteles funcionan más como multinacionales o empresas familiares? y ¿La corrupción en México es de muchas manos —y chica— o de pocos —y grande—?”.
“La primera pregunta marca la pauta sobre la preparación de organizaciones como los cárteles para gestionar una crisis (como la ausencia del líder) y si todos saben quién es el «heredero. Si es así, entonces se parecen más a las multinacionales que tienen planes de gestión de crisis y de sucesión. Pero, si no, entonces se parecen más a empresas pequeñas donde suele haber poca planeación de este tipo. Esto aplica del lado del crimen organizado, pero ¿qué pasa con el gobierno?”, cuestionó Levien.
El abogado, experto en anticorrupción y antilavado, señaló que mucho de lo que suceda en los próximos días dependerá del tipo de corrupción más presente en el país.
El análisis de Levien plantea que, si el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tiene un plan claro de sucesión y la corrupción en el país se concentra en pocas manos, el escenario sería de menor violencia y mayor estabilidad. En contraste, un panorama de corrupción descentralizada y disputas internas en el crimen organizado abriría la puerta a un “Salvaje Oeste” donde la seguridad y el orden pasan a segundo plano.
“Si lo que más hay es corrupción centralizada —donde uno o pocos líderes tienen todo el poder y controlan todos los negocios «turbios»— entonces el gobierno se vuelve más predecible y estable, lo que significa que las políticas, directivas y órdenes vienen desde arriba y es más posible que lleguen bien cumplidas hasta abajo.
“Si, en contraste, lo que más hay es corrupción descentralizada —donde varios villanos compiten entre sí por la oportunidad de exprimir a la ciudadanía— entonces el panorama es uno de Salvaje Oeste y —como en el Salvaje Oeste— sálvese quien pueda”, detalló.
Dijo que entre los escenarios posibles que hay en el horizonte, el mejor sería que el CJNG tuviera un plan claro sobre qué hacer y quién manda ahora que “El Mencho” ya no y que —al mismo tiempo— la poca o mucha corrupción que haya en el estado mexicano esté concentrada en pocas manos. Eso va a resultar en menos violencia (aunque sí algo de violencia) y de menor duración.
Para Levien, el peor de los panoramas es un país donde muchas manos dentro del cártel quieren llevar la voz cantante y muchas manos dentro del gobierno quieren el botín mayor. En un escenario así, toma prioridad ser el que más puede y el que más tiene y nimiedades como la seguridad, el orden y la paz pasan a segundo plano… para ambos bandos.
Por último, dijo que “ninguna corrupción es deseable, pero si ya es una realidad entonces siempre es preferible tener corrupción centralizada. Esto porque —además de las razones que hablamos arriba— la corrupción centralizada sí se puede contrarrestar con integridad preventiva (fortaleciendo mecanismos de prevención y detección de corrupción), tanto en empresas como en gobierno.
“La corrupción descentralizada es casi inmune a estas herramientas y, por lo mismo, pone en mayor riesgo las condiciones de legalidad, de inversión y riesgo país”.
TURISMO E INVERSIÓN: EL MUNDIAL COMO CATALIZADOR
La reflexión sobre corrupción y sucesión criminal no es un tema aislado: se cruza directamente con el horizonte económico y social de México, particularmente en las tres sedes del próximo Mundial de Fútbol —Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
En el caso del turismo, la percepción de seguridad será determinante. Una corrupción centralizada, aunque indeseable, ofrece mayor previsibilidad y puede dar confianza a visitantes y organizadores. En cambio, un escenario de violencia prolongada afectaría la llegada de turistas y el gasto en hospedaje, transporte y entretenimiento.
Sobre la Inversión extranjera, los grandes proyectos de infraestructura y servicios ligados al Mundial requieren certidumbre jurídica y operativa. La corrupción descentralizada, al multiplicar los “peajes” y riesgos, eleva el costo país y desalienta la inversión.
El Mundial de Fútbol será más que un torneo deportivo: funcionará como un examen de estrés para las instituciones mexicanas y para la capacidad de gestión de crisis en estados clave como Jalisco. La forma en que se resuelva la sucesión criminal y el tipo de corrupción predominante marcarán no solo la seguridad cotidiana, sino también el atractivo turístico y la confianza de los inversionistas.
En este sentido, la paradoja planteada por Levien cobra relevancia: ninguna corrupción es deseable, pero si ya existe, la centralizada permite al menos construir mecanismos de prevención y control.
