Cecilia Hermida: Curvas de aprendizaje aceleradas, la clave digital

Columnista Invitada
La digitalización en logística es una realidad operativa cotidiana. Sistemas de gestión de almacenes (WMS), gestión de transporte (TMS), automatización e IoT hoy permiten visibilidad de punta a punta, trazabilidad en tiempo real y decisiones basadas en datos en centros de distribución y redes de transporte cada vez más complejas.
Sin embargo, existe una variable que está redefiniendo el verdadero ritmo de esta transformación: la brecha digital.
La tecnología está disponible. Las plataformas son más robustas, más intuitivas e integradas que nunca. Pero la capacidad de las organizaciones para utilizarlas plenamente no avanza al mismo ritmo.
Un estudio reciente de Computrabajo revela que solo el 26% de los trabajadores mexicanos encuestados utiliza inteligencia artificial para análisis de datos, mientras que 25% emplea software para automatizar tareas en su trabajo diario. Es decir, apenas una cuarta parte de la fuerza laboral está integrando herramientas digitales avanzadas en su desempeño cotidiano.
Este dato refleja que la digitalización no depende únicamente de instalar sistemas, sino de desarrollar competencias. Cuando los equipos no dominan herramientas digitales, los sistemas operan en su nivel más básico: registran información, pero no optimizan rutas; almacenan datos, pero no anticipan disrupciones; generan reportes, pero no inteligencia operativa.
En logística, esa diferencia es crítica. Un WMS mal aprovechado puede convertirse en un simple repositorio de inventario. Un TMS subutilizado pierde su capacidad de simulación y optimización. El IoT sin analítica se reduce a sensores que reportan eventos sin traducirse en decisiones estratégicas.
La conclusión es clara: la tecnología es condición necesaria para la competitividad logística, pero es insuficiente sin una base sólida de capacidades digitales.
Para las empresas, este desafío se ha convertido en una cuestión de velocidad. Las cadenas de suministro enfrentan mayor complejidad y una demanda creciente de visibilidad en tiempo real.
En este contexto, las organizaciones necesitan tres acciones concretas, que permitan integrar soluciones en el corto plazo con cambios estructurales.
Primero, impulsar programas acelerados de formación técnica, como bootcamps industriales enfocados en operación de WMS, TMS y analítica aplicada. Estos esquemas permiten elevar rápidamente el nivel de competencia digital en equipos operativos y mandos medios, donde realmente se juega la eficiencia diaria.
Segundo, fortalecer los convenios empresa–universidad en polos estratégicos. Programas de formación co-diseñadas y modelos duales aseguran que los egresados no solo comprendan la teoría logística, sino que dominen herramientas reales utilizadas en almacenes, centros de distribución y redes de transporte. La formación debe responder a la tecnología que ya está instalada en el piso operativo.
Tercero, para resolver las problemáticas que están enfrentando de forma más ágil con impactos en menores plazos, es importante apostar por tecnología con curva de aprendizaje acelerada. La experiencia de usuario y la simplicidad operativa no son detalles técnicos; son factores decisivos de adopción. En Infor, por ejemplo, se han invertido más de USD 4 mil millones en el desarrollo de plataformas empresariales centradas en usabilidad y automatización inteligente, con el objetivo de facilitar la integración de capacidades digitales en todos los niveles de la organización. Cuando la tecnología es intuitiva, la adopción se acelera y la brecha se reduce.
En entidades como Nuevo León —destino estratégico para empresas de tecnología, automotriz y logística pesada— la demanda de capacidades digitales especializadas crecerá a medida que la relocalización industrial continúe avanzando. Si no se actúa de manera preventiva, la brecha digital puede convertirse en un cuello de botella silencioso que limite el potencial de crecimiento regional.
La transformación digital en logística no se trata únicamente de implementar sistemas. Se trata de construir capacidades. Solo cuando la tecnología y las competencias evolucionan de manera paralela es posible hablar de una digitalización auténtica y capaz de sostener la competitividad de largo plazo.
Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de la autora y no necesariamente reflejan la postura editorial de Monitor Negocios.
