Presenta fraude digital “cuello de botella” para empresas regias

Édgar Rivera / Monitor Negocios
El fraude digital está dejando de ser un problema exclusivo de seguridad para convertirse en un obstáculo directo al crecimiento empresarial. En Nuevo León, donde el comercio electrónico y los servicios financieros han acelerado su expansión en los últimos años, el riesgo se concentra en el momento del cobro: las empresas están perdiendo dinero antes de recibirlo.
En Monterrey, capital industrial y financiera del norte del país, el fraude digital amenaza con convertirse en un freno estructural para el crecimiento empresarial. La batalla ya no es solo contra los defraudadores, sino contra la propia arquitectura de cobro: quien logre cobrar con precisión y sin fricción será quien sostenga su crecimiento en los próximos años.
De acuerdo con The Competitive Intelligence Unit (The CIU), el fraude digital costó a las compañías mexicanas más de 20 mil millones de pesos en 2024, con más de 6 millones de incidentes registrados. En el primer trimestre de 2025, la plataforma Sumsub reportó un incremento de 27% en fraudes, impulsados por el uso de identidades sintéticas, perfiles diseñados para evadir controles tradicionales.
En Nuevo León, el impacto es particularmente relevante ya que el Estado concentra más del 10 por ciento por ciento del comercio electrónico nacional, según datos de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), lo que lo convierte en un blanco atractivo para intentos de fraude.
El sector financiero y fintech locales, que han crecido con fuerza en Monterrey, enfrentan tasas de fraude superiores al promedio nacional, con incrementos de más de 100% en plataformas de juego y comercio electrónico.
Las pymes regias, que dependen de márgenes ajustados y ventas digitales, son las más vulnerables: cada transacción rechazada significa ingresos perdidos y clientes que difícilmente regresan.
Javier Huerta, Country Manager de Flow en México, advierte que, “el fraude evoluciona más rápido que los controles tradicionales. Hoy, cobrar bien dejó de ser un indicador de eficiencia operativa y pasó a ser una condición para sostener el crecimiento”.
Según el directivo, las empresas que sigan tratando el cobro como un trámite operativo enfrentarán pérdidas crecientes: “La diferencia no estará en quién procesa más pagos, sino en quién los procesa con mayor control y precisión”.
ESTRATEGIAS QUE YA SE APLICAN EN MONTERREY
Las compañías en Nuevo León ya están migrando hacia arquitecturas de cobro más precisas y auditables, con prácticas como: la tokenización de datos sensibles, para proteger información de clientes y los motores antifraude en tiempo real, que evalúan cada transacción con geolocalización y patrones de comportamiento; la trazabilidad completa del proceso de cobro, que permite identificar dónde se rompe el flujo de ingresos y corregir criterios de autorización.
El dilema para las empresas es claro: elevar filtros reduce el fraude, pero también la conversión; relajarlos protege ventas de corto plazo, pero abre la puerta a pérdidas mayores. En un entorno donde el consumo está presionado y los márgenes son limitados, los errores en el cobro se traducen en contracargos, costos operativos adicionales y deterioro reputacional.
