César Cadena¿Refresamos a los precios controlados?
En México, los precios de los combustibles no están controlados ni fijados por el Gobierno federal, sino que son liberados y
se ajustan según el mercado.
Sin embargo, la Secretaría de Energía ha pedido al sector gasolinero topar los precios máximos para la venta al consumidor de gasolina y el diésel, lo que para todos está resultando inviable económicamente.
Para asociaciones nacionales que agrupan a los principales grupos gasolineros la medida se ha percibido más como una
imposición que como un acuerdo mutuo entre las partes involucradas.
Como es voluntario, cada empresa tanto nacional como extranjera que opera en todo el territorio nacional tiene la liber-
tad de elegir topar el precio o vender el combustible según su decisión, buscando cubrir sus costos operativos y un margen de utilidad.
Al pedir a los grupos gasolineros y a los distribuidores de combustibles tener un precio máximo para los combustibles, sus
márgenes se reducen significativamente hasta resultando en pérdidas reales.
Para el diésel la medida es todavía más complicada dado que los transportistas por lo general cargan sus unidades en patios propios, pagando adicional por el costo del flete del distribuidor que, en muchos casos llegan a recorrer distancias muy largas, encareciendo su abasto.
Especialistas en México han calificado la medida del Gobierno federal como una ficción que está fuera de toda realidad
económica, y que los controles de precios conducen al fracaso e introducen mayores distorsiones de las que pretenden corregir.
Los acuerdos son voluntarios y vigentes por un periodo que pareciera no terminará… por ello la pregunta ¿Regresamos a los precios controlados?
